Eres poesía, tu mujer, tu soberana mía, que desvelas mis sueños, que haces de una caricia un grito de guerra; desde tu cuello hasta donde posa tu cuerpo, dibujar en el trayecto, en el descenso, con una poesía en mis dedos, el suceso, la entrada a un cuento, a nuestras fantasías; que eran tan suyas, y ahora mías.
Mujer que torturas mis noches, que rompes y desvelas mis sueños, que caminas incesante con tus labios cada rincón de mi piel, destruye el fantasma de tus caricias en mi cuerpo, revive el lenguaje que la ansia aclama; soy la marioneta que manejan tus dedos, destrúyeme; soy la camicace que envuelve tu cuerpo y que arropa el mío con el calor del deseo.
Fantasías de un Diario Anónimo
lunes, 15 de diciembre de 2014
viernes, 12 de diciembre de 2014
Placer animal
Saciar el placer animal de tu carne y la mía,
De la infinita química que espora la piel,
En un ápice de tiempo, que es orbe y desvanece del mismo (tiempo).
Suplicar con cada estremecimiento de tu cuerpo;
Que pare, que se pare el tiempo;
Que nuestras almas bailen en un compás;
Asediado por ese inhóspito y blanco alud de luz;
Perdido nuevamente en el tiempo.
Saciar mi placer animal, con el tuyo,
Expandir la piel, sentir más;
Y así, de un suspiro, en un instante de gloria infinita,
Mi alma y la tuya, escapen de nuestros cuerpos;
Pérdidas en el tiempo.
Desafiar la razón,
en un lugar inalcanzable para el tiempo;
Y así, perdidos en la ilógica,
Saciar el placer animal de tu carne y la mia.
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