Eres poesía, tu mujer, tu soberana mía, que desvelas mis sueños, que haces de una caricia un grito de guerra; desde tu cuello hasta donde posa tu cuerpo, dibujar en el trayecto, en el descenso, con una poesía en mis dedos, el suceso, la entrada a un cuento, a nuestras fantasías; que eran tan suyas, y ahora mías.
Mujer que torturas mis noches, que rompes y desvelas mis sueños, que caminas incesante con tus labios cada rincón de mi piel, destruye el fantasma de tus caricias en mi cuerpo, revive el lenguaje que la ansia aclama; soy la marioneta que manejan tus dedos, destrúyeme; soy la camicace que envuelve tu cuerpo y que arropa el mío con el calor del deseo.
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